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  • marotitamarota

DORMIR


Foto: Stefania Gregori


Desde jovencita he dormido mucho. Me he levantado tarde siempre que he podido, pero también he aprovechado todas las oportunidades, a cualquier hora y en cualquier lugar, para dormir. Diez minutos, quince, media hora, me daba igual, mi gente me decía que tenía un botón on/off. Dicen que mi madre hacía igual, y que tenía una querencia especial por los sofás ajenos. En eso somos iguales.

Ese ratito de ausencia me desconectaba, ponía mi marcador a cero, me regeneraba, creo que porque me devolvía a un sitio muy profundo dentro de mi en el que sólo estaba yo. En realidad, en el que estaba completamente sola conmigo y con algo más que siempre ha estado ahí. Pero ese es otro tema.


En mis años de actividad artística constante, de viajes, ensayos, montajes, llenos de responsabilidades, gente, problemas, emociones, dolores físicos, aventuras creativas, dormir era mi puerto seguro, mi salida del mundo. Ahora, con una vida más tranquila y casi sin responsabilidades escénicas, dormir es un acto de amor hacia mi, y así lo vivo. Estoy haciendo terapia y en cada sesión, por un momento al menos, me inunda la tristeza de no haberme dado tiempo, de no haber parado lo suficiente, tanto para los lutos como para los nacimientos, de no haber sabido descansar. Siempre había otro viaje, otro proyecto, siempre pasar a lo siguiente. Es una tristeza por lo que ya no puedes arreglar.


Por eso cuando ahora me doy un día para dormir muchas horas (puedo estar 20 horas casi seguidas, he leído que Penelópe Cruz también. Fin de las comparaciones) voy cayendo en el sueño dando las gracias. Gracias por mi privilegio, gracias porque no ficho a las 8, gracias porque no tengo niños, gracias por el tiempo, gracias por esta camita calentita, gracias por poder parar, gracias por no sentirme culpable, gracias por… zzzzzzzzzzzzz.



SLEEP


I have slept a lot since my teen years. I would get up as late as I could, and I also would take any chance there was, anytime, anywhere, to sleep. Ten minutes, fifteen, half an hour, all were fine, my people used to say I had an on/off switch. Saying goes my mother used to do the same, and that she specially loved couches that belonged to others. In this, we are alike.

Sleeping. That bit of absence meant disconnection, leveling to zero, regeneration. It meant going back to a deep place inside of me, in which there was only me. Actually, I was completely alone with me and with something that has always been there.

But that’s a whole different matter.


During the time of my constant artistic activity, with travels, rehearsals, shows, a time of responsibilities, people, problems, emotions, physical pain, creative adventures, sleeping was my safe haven, my exit from the world. Now, with a calmer life, almost with no stage responsibilities, to sleep is an act of love towards myself, that’s how I experience it. I’m in therapy and, each session, at least for a moment, an overwhelming sadness takes me over. Sadness because I didn’t have time, didn’t stop, either to mourn or to celebrate, because I didn’t know how to rest. There was always another trip, another project, always going on to the next thing. It’s the kind of sadness for what you can’t fix.


This is why, when someday I sleep many hours (as much as twenty almost nonstop, read Penelope Cruz too. End of similarities) I fall into sleep giving thanks. Thanks for my privilege, thanks for not working 9to5, thanks for not having children, thanks for the time, thanks for this warm cozy bed, thanks for having the privilege to stop, thanks for not feeling guilty, thanks for… zzzzzzzzzzzzzzz.


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